Saturday, July 31, 2021

Sardel

1985, Reino de Stadimet, Tierras Altas. Sardel es un pueblito polvoso en las faldas de los montes ventosos que ascienden al Ruplzat, la implacable cordillera transecuatorial. Está en el país de Miltova, perteneciente al reino de Stadimet que es uno de los tres reinos que junto con el gran país imperial componen el Imperio Leunpoi. Miltova es el país más pobre del reino de Stadimet y su gente no tiene mayor ocupación que la ganadería, la agricultura y la recolección. Corin y su abuela, Terena, cuidaban un par de cabezas de ganado y fuera de su choza tenían un par de cabras y una familia de copires, un ave de patas largas y cuerpo gordo que provee de numerosos insumos a Terena y a su nieto: huevo, plumaje, la grasa de sus cuerpos sirve de combustible y una vez muertos sirven de alimento por días y sus huesos se convierten en herramientas delicadas que pueden vender en el mercado. Cuando no cuidan de su ganado y animales, recolectan papas salvajes en las llanuras vecinas, la abuela le cuenta historias de años anteriores, las leyendas locales y chismes del pueblo. Las papas no solo las comen, también las intercambian por miel de avispón de un pueblo vecino que preparan con ajonjolí, limón y sal, formando una masa de consistencia similar al queso de nombre Aluba, que intercambian a los mercaderes que frecuentan el pueblo por pieles curtidas que luego transforman en vestimenta o bolsillos y que venden en el mercado local, Terena no se estaba quieta y siempre encontraba la manera de ganarse la vida en un pueblo donde no había casi nada, llevaba a Corin a todas partes y este le ayudaba en todo. Algunos le llamaban su duende o su monstruillo, pues Corin era particularmente pequeño de estatura para su edad. 

Un día volvían de sus tareas a su choza, recorriendo el largo camino polvoso que conectaba sus casas con las casas de sus vecinos y con el mundo entero. El sol era tan agresivo como cualquier otro día, el viento provocaba pequeños remolinos de tierra a la distancia, se escuchaban a lo lejos disparos de escopeta, probablemente algunos jóvenes cazando liebres o tejones. Terena le dijo a Corin que no se sentía bien y al mirarla, Corin notó su cara pálida y sombría. Al llegar a la choza se desplomó en su silla y no se volvió a parar. Corin fue por su tío, Arsemin, que dejó sus tareas para atender la muerte de su madre.

Los días siguientes pasaron muy rápido, la familia de Arsemin había recibido a Corin mientras se realizaban las formalidades mortuorias. Un pueblerino de nombre Galari compró los animales de Terena y otro de nombre Asigul compró la choza de Terena, las monedas de cobre y plata fueron recibidas por Arsemin y este las guardó en una bolsa de piel que luego entregó a Corin.

Arsemin llevaría a Corin a la ciudad Marsit en el costero país imperial Serpit donde el padre de Corin trabajaba desde hacía años, Terena planeaba enviar a Corin a Marsit cuando este fuera mayor así que Corin sabía que esto pasaría algún día. El médico del pueblo entrego a Corin un puñado más de monedas que Terena le había dado poco a poco con este viaje en mente.

Partieron hacia el sur en un pequeño vehículo que Arsemin usaba para llevar mercancía a las ciudades cercanas. Después de casi 8 horas de viaje a lo largo de llanuras polvorientas con poblados diminutos a la distancia, llegaron a Darmet, un poblado relativamente grande aunque igualmente pobre y ahí buscaron donde dormir. A la mañana siguiente continuaron su camino hacia el sur, desayunaron en un pequeño mesón a la orilla de la carretera y Arsemin condujo por casi 12 horas más, se detuvo al filo de la carretera en un área arbolada, habían dejado atrás las tierras secas del norte y entraban a los valles fértiles que separan al Ruplzat del los mares del sur. Bajaron del vehículo y Arsemin mostró un par de emparedados de carne a Corin, fueron a sentarse a la orilla de una empinada pendiente a comer. La noche comenzaba a caer, el atardecer dorado pintaba los cerros de oro, los montones de arboles se miraban más oscuros.

De un movimiento brusco, Arsemin empujó a Corin hacia la pendiente, este no pudo sostenerse de nada y apenas pudo voltear hacia su tío mientras caía, rodando, arrastrándose y golpeándose cayó muchos metros y cuando cayó no pudo moverse, no entendía que había pasado y sentía un dolor increíble en todo el cuerpo.

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Arsemin miró como caía el cuerpo de Corin y cuando este cayó en una orilla suficientemente amplia para sostenerlo espero un poco. Al ver que no se movía echó un suspiro y se sentó de nuevo, terminando su emparedado. Antes de partir echó un último vistazo y vio el cuerpo inerte de Corin en el mismo lugar. Se limpió las migas de la boca, el sudor de la frente y volvió al vehículo. Los bolsos de Corin estaban allí y tras conducir hacia el este un par de horas más, abandonó estos bolsos, excepto uno, del que extrajo las monedas. Entró al poblado más cercano, de nombre Adice y derrochó la herencia de Corin en prostitutas y bebida durante seis días consecutivos.

Salió huyendo, pues no le había alcanzado para pagar el alquiler de su estadía y en el proceso golpeó a un empleado del burdel y a una prostituta que al parecer también exigía más dinero. Manejó con descuido hacia afuera del poblado y una vez en la carretera notó que un carro le seguía. En su intento de evadirlos salió de la carretera y entro en un camino rural que lo llevó a chocar con un árbol, corrió hacia los matorrales, pero tres hombres le dieron alcance y lo batieron a palos hasta dejarlo inconsciente. Lo llevaron de regreso a Adice, donde lo encadenaron en un cuarto pequeño y oscuro, sus heridas comenzaron a pudrirse con el paso de los días, la humedad del cuarto lo estaba enfermando, pasó fiebre y tos, sufría constantes escalofríos y vomitaba el pan viejo y la papilla gris que le daban por alimento.

Un médico lo vio al sexto día y tras limpiar las heridas abiertas de su cráneo, rostro y brazos, les recomendó llevarlo a otra parte. Los mismos tres hombres que lo batieron a palos lo llevaron a un monasterio gris en un pueblo cercano donde lo dejaron junto a la puerta de entrada. Al cabo de unos minutos una monja que salía a realizar alguna diligencia lo encontró y rápidamente volvió su camino para pedir ayuda. Seis monjes entonces salieron y auxiliaron a Arsemin.

Pasó diez días en un estado casi vegetal, a penas reaccionaba a algunos estímulos, los monjes tuvieron que alimentarlo con mangueras los primeros seis días, luego comenzó a masticar y al décimo día pudo sostener su cuchara. Otros veinte días pasaron para que pudiera recuperar del todo el habla y pudiera caminar. Diecisiete días después de esto, cuando ya podía ir y venir, un monje le propuso llevarlo de vuelta a su pueblo y así concluir su recuperación. Arsemin aceptó pero dentro de si se enfureció.

Por la noche despertó y salió del edificio de la clínica del monasterio hacia las oficinas de los monjes usando una camisa y un pantalón que le habían sido regalados hacía unas horas. Había acompañado a los monjes a estos edificios en varias ocasiones los últimos días, sospechaba que una oficina en ese edificio contenía algo de valor que pudiera ayudarle a comenzar de nuevo, había visto a los monjes ir hacia un escritorio en específico antes de ir por pedidos a la ciudad. Camino hacia una puerta de madera por un pasillo angosto y pegando la oreja a la puerta, escuchó hacia el otro lado. Al no escuchar nada forzó la perilla y para su sorpresa esta se movió y la puerta se abrió. Cruzó rápidamente el cuarto y sacó un cuchillo que había robado de la cocina, lo utilizó de palanca para abrir un cajón en un escritorio donde encontró un bolso con monedas que amarró a su cintura y luego escondió debajo de su camisa, había un par de papeles bancarios que seguramente podría utilizar y aunque no era mucho y sabía que en ese monasterio debían guardar cosas de mayor valor en alguna parte, eso era suficiente para salir de ese pueblo.

Al salir del edificio se encontró con dos monjes que le reconocieron y le preguntaron sobre qué hacía allí. El les dijo que no podía dormir y les decidió ir a buscar para agradecerles antes de partir, pues era muy probable que partiese al amanecer. Los monjes le agradecieron el gesto y platicaron con él durante unos minutos tras los cuales Arsemin pudo apresurarse a cruzar la clínica, salir por el jardín y brincar la pequeña cerca blanca que lo separaba de su libertad.

Corrió y caminó en el campo durante horas, el sol salió al cabo de un rato y se sentó a descansar en un claro en medio de lo que parecía ser un bosque. Miró el interior del bolso que había recién robado y brinco de sorpresa cuando vio en su interior monedas de oro, plata y billetes imperiales en rollos gordos, debía haber allí muchas veces lo que había tomado de Corin. Camino una hora más y llegó a un pueblo cercano donde, usando la moneda de plata más pequeña que encontró pagó un peaje en coche a Pulma, la ciudad más cercana, el chofer le devolvió once monedas de cobre. No esperó mucho cuando dos señoras regordetas llegaron y abordaron el mismo carro. Con esto pudieron partir hacia el sur.

Arsemin tenía vaga comprensión de los dialectos del sur del reino, pero logró entender que las mujeres trabajaban en el monasterio y hablaban de que había alguien de muy mal humor. Para su suerte las mujeres no lo habían visto a él allí y el tampoco las había visto, por lo que en ningún momento del viaje sintió sospecha. Las dos mujeres bajaron en un pueblo a medio camino y el carro siguió una hora más hasta llegar a la estación de trenes de Pulma.

Caminó por las calles laterales a la estación hasta encontrar una pequeña tienda que compraba y vendía oro, plata y joyas. Cambió cinco monedas de plata por monedas de cobre, que podría usar en cualquier parte sin levantar sospechas. Había varios tipos de monedas de plata, la más común era la imperial, de 25 gramos, aunque había más pequeñas, de 10, 12 y 18 gramos y unas de 30 y 33 gramos. Luego estaban las monedas de cobre, también había de varios tamaños pues circulaban las imperiales, las reales y las de los países del norte. La unidad básica en ese país es la moneda de cobre de 10 gramos y de ahí se usan las demás monedas en circulación por equivalencia de peso. Una de estas monedas, de ombre Yet, equivale a un gramo de plata, por lo que se necesitan 25 Yets para llegar al valor de una moneda imperial de plata. Las monedas de oro eran consideradas ceremoniales y si contenían todos sus sellos, los bancos, las casas de moneda y la gente acaudalada podía pagar hasta 10 imperiales de plata por cada gramo de estas monedas.

Compró un boleto de tren a Stadimet, que costó 3 Yets y subió a un tren que estaba siendo abordado por una multitud de gente. En su asiento había un periódico impreso y tuvo la paciencia para leer los encabezados en lo que el tren echaba a andar. “Las negociaciones se vuelven a estancar con el duque de Lascol” leía uno. “Emperador acusa a los reinos de detener el diálogo por un partido minoritario” leía otro. Arsemin realmente no pensaba en que sucedía entre los reinos y el emperador, en Sardel no importaba el paso de los imperios, parecía que siempre había sido el mismo montón polvoso sin importar que guerra o que imperio se juega la vida al otro lado de los valles. En Stadimet había estado dos veces, la segunda ocasión pasó casi un mes allí, sentía que conocía la ciudad. Stadimet era la capital del reino, y esta era una de las cuatro capitales que importaba en el mundo que él conocía. “La ciudad de las cúpulas grises” o “La fortaleza del norte” son sus descripciones. Las capitales tienen una naturaleza colonialista y si no fuera por estas, regiones como la suya serían territorios independientes. Arsemin no sabía muy bien si eso le parecía bien o no.

Una vez en Stadimet, cambió el resto de las monedas de plata por papel real en el primer banco grande que vio, compró una chaqueta de moda en una tiendilla y allí guardó los papeles reales que recibió del banco y los papeles imperiales que contenía la bolsa del monasterio, luego camino por un callejón engentado y comió como rey en una tabernilla que le sirvió hasta entrada la noche. Un coche lo llevó a el y dos prostitutas a un hotel. Una de ellas partió al amanecer, pero la otra permaneció con Arsemin hasta entrada la tarde, saliendo abruptamente de allí poco después de que él la dejara por un momento para ir al baño.

Por un momento no pensó nada en específico, pero como un rayo le vino un pensamiento que antes de poderlo enunciar en su mente ya se encontraba buscando por debajo de sus vestiduras que tenía arrumbadas en un sillón y donde no encontró nada y lo que debía haber era la bolsa con las monedas de oro, tomo sus pertenencias como pudo, salió disparado del cuarto y llegó a la calle donde vio a la mujer a mediana distancia apresurarse hacia un carro, al parecer había tenido que esperar un momento y había caminado por la acerca en busca de uno. Cuando esta entraba al coche, Arsemin se apretó detrás de ella y entro, presionando el filo del cuchillo contra el abdomen de la prostituta, el taxista los miraba por el retrovisor sin sorpresa, no se iba a meter en problemas. La mujer devolvió el bolso a Arsemin, que jaló el otro bolso de la mujer para encontrar en este los papeles bancarios que había robado junto con la bolsa. Tomó las cosas que él había robado del monasterio, le gruño a la mujer y sin herirla salió del vehículo y camino hacia la primera calle que encontró, sabía que la mujer debía conocer gente en ese barrio y debía apresurarse a perderse de allí.

Por supuesto que escuchó gritos, era una prostituta, no se iba a dejar sin más. Venía detrás de él gritando a la distancia en un dialecto sucio, urbano y vulgar, escuchaba el eco de su voz en los edificios. Arsemin dobló la esquina rápidamente y se apresuró aún más para llegar a la siguiente calle, cruzar el paso vehicular en diagonal hacia otro cruce de calles más. Sudaba pero sentía alivio al no oír la voz de la mujer, detuvo un coche y subió.  Le pidió que lo llevara a la estación de Ulsin, al norte de la ciudad, así evitaría encontrarse con los monjes si lo hubieran ido a buscar hasta allí.

Compró un boleto de Tren nocturno a Erato, la ciudad más al sur del reino, sabía que allí podía comprar un pase al otro reino y hacer una nueva vida en Aunuci, otra de las capitales imperiales. Nunca había estado allí, pero había oído que era más grande y más rica que Stadimet, algunos jóvenes de su región partían hacia este reino en busca de trabajo, unos de ellos volvían con un vehículo nuevo y ropa elegante, Arsemin siempre tuvo el deseo de ir a Aunuci y trabajar unos años.

Mientras esperaba en Ulsin, la estación se llenó de soldados imperiales, el sello imperial abarcaba su torso entero y era imposible no saber que eran imperiales. En un anden se acercó un tren blanco, diferente a los demás y una procesión de soldados, personal imperial y posibles aristócratas sucedió frente a Arsemin. Dos hombres con emblemas imperiales se acercaron a Arsemin y a los otros que allí esperaban y saludaron educadamente, luego siguieron su camino.

De pronto, un estruendo. Arsemin sintió una fuerza que lo empujaba con fuerza hacia atrás mientras cerraba los ojos con fuerza, no encontró con que sostenerse y cayó tendido con un silbido en los oídos. Todo tipo de ruidos comenzaron a suceder a su alrededor, abrió los ojos y vio fuego frente a él, detrás del tren blanco. Soldados con rifles y emblemas imperiales los obligaron a no moverse y les hicieron esperar casi una hora para pedirles ver sus documentos y dejarlos salir del edificio. Afuera había toda clase de vehículos de emergencia, hombres y mujeres fuertemente armados, volvieron a revisar sus documentos, esta vez soldados reales, estos fueron más inquisitivos pero al poco rato también dejaron a Arsemin irse de allí. Tomó un vehículo que lo llevó a un hotel en el centro de la ciudad, entró al cuartito que olía a cucaracha y durmió durante casi doce horas. Lo despertó un toquido en la puerta de su cuarto, era el gerente del hotel, “¡todos deben abandonar el hotel, van a bombardear la ciudad, debe ir al subterráneo!” dijo. El subterráneo era el tren urbano que había escarbado sus rutas por debajo de Stadimet, era una novedad en el mundo y sólo dos ciudades tenían algo así. También servía de refugio antibombas, como la mayoría de los habitantes de esta ciudad acababan de descubrir. Dejó el cuchillo debajo del colchón y partió. En la calle encontró soldados reales llamando a la gente y dirigiéndola a una estación cercana, luego comenzaron a sonar sirenas y Arsemin llevaba cuatro minutos en el subterráneo cuando la tierra comenzó a temblar, luego el estruendo apagado de las bombas, una y otra vez. Por momentos parecía que el túnel iba a ceder, los niños lloraban y había gente que discutía, lloraba o gritaba desesperada. Un soldado gritó con un altavoz: “¡El imperio declaró la guerra a Stadimet, los tres reinos nos aliamos contra el imperio y el continente está en guerra!, ¡Victoria a las fuerzas reales de Stadimet!, ¡Viva el rey de Stadimet y Señor del Ruplzat!, ¡Vivan los tres reinos Leunpoitas!, ¡Hoy inicia el fin de la opresión imperial!”

Todos escucharon en silencio las palabras del soldado, el estruendo de las bombas crujía como música de fondo, siguió gritando consignas por el altavoz mientras duró el bombardeo, entraron otros militares y repartieron agua y comida. Se llevaron a los ancianos y algunas personas enfermas. El episodio duró unas nueve horas con cuatro momentos en los que cayeron bombas.

Al salir, la ciudad estaba envuelta en polvo y ceniza, olía a quemado. Arsemin caminó por una ciudad destruida, el daño parecía irreparable, pensó en lo difícil que sería para la gente de allí salir adelante y sintió las bolsas con el dinero. Era la única persona sonriendo en todo Stadimet en ese momento.

30 aniversario

 2289, Efroen. Preotem Leunpoa o Leuponia es gobernada por el Preotem (superior en ohuli) desde la ciudad de Lascoen (a una hora y media de camino de Efroen hacia el oeste). Es el líder superior y absoluto, por lo que las políticas generales y en muchos casos, particulares, son establecidas desde ese puesto. Esta forma de gobierno fue creada en el 59, después de que el ejército de las ciudades independientes vencieron al reino de Stadimet y de la firma del tratado de Triene, donde subyugaron a los países de la gran península. Deris Atrian es el general del ejército que consolidó el poder de las comunidades y tras ahogar un intento de establecer un gobierno senatorial se convirtió en el primer Preotem, unificó los territorios independientes, dando existencia a Leunpoa y embarcando a la nueva nación en una misión de dominación mundial con el fin de crear un entorno de absoluta seguridad para los asuntos locales, tanto comerciales como de gobierno. 

Este año se celebra el 30 aniversario de este suceso, Deris Atrian es el Preotem y a sus 58 años, parece no tener planes de dejar el puesto. El pequeño país Leunpoi no ha dejado de expanderse, poco después de establecerse, se enviaron tropas a los territorios que circundan Stadimet y desde Lascoen se designó a un gobernante, los mismo sucedió en Aunuci, que hasta ese momento le habían permitido reorganizar un gobierno independiente, todos los estados vecinos fueron rapidamente consumidos por el poderío de Preotem a través de acuerdos, tratados, haciendoles dependientes o directamente intimidándoles. 

Esta expansión territorial puso las fronteras de Leunpoa con las de Aiobax en distintos territorios y esto levantó tensiones entre las dos naciones. Aiobax es también una nación bélica y aunque en muchos sectores económicos las dos naciones son dependientes entre si, siempre ha existido una rivalidad entre los países de la costa sur y Aiobax, pues este último tiene una historia milenaria de invasor y saqueador. Leunpoa encontró en una nación del norte un gran aliado, pues también se encontraba en fuertes tensiones con Aiobax. este país es Yeimtec. Leunpoa y Yeimtec entraron en un conflicto bélico con Aiobax en el 62 de manera indirecta, Forint y Orea, dos paises del este del continente, costeados por los aliados, ocuparon Sidentec, un país aliado de Aiobax, las dos potencias acordaron no interferir directamente, pero durante tres años fluyeron las municiones y los fondos para que estos países guerrearan. en el 65 un escuadrón Forintiano, en persecución de un grupo de milicianos Sidentequíes, entraron a Aiobax y mataron a cuatro militares Aiobaxíes, además de extraer de este territorio a los milicianos para llevarles presos. Aiobax intervino bombardeando tres cuarteles Forint-Oreanos en Sidentec donde se encontraba un alto mando Yeimtequí y una docenta de militares aliados. Yeimtec declara la guerra a Aiobax y este, al saber que los ejércitos aliados estaban enviando militares a Sidentec a pesar de tener un acuerdo de no intervención directa, declara la guerra tanto a Yeimtec como a Leunpoa. 

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1985, Reino de Stadimet, Tierras Altas. Sardel es un pueblito polvoso en las faldas de los montes ventosos que ascienden al Ruplzat, la impl...